La reconstrucción de La Guaira

Por Héctor Urgelles Fox

El 24 de junio de 2026 la tierra no solo sacudió a La Guaira; también estremeció el sustento de miles de familias venezolanas.

Detrás de cada edificio colapsado había un negocio; detrás de cada negocio, trabajadores; detrás de cada trabajador, una familia que dependía de ese ingreso para vivir.

Por eso la reconstrucción no puede medirse únicamente en toneladas de concreto o kilómetros de carreteras rehabilitadas. Debe medirse, sobre todo, por la capacidad de devolverles a los ciudadanos la posibilidad de vivir dignamente de su trabajo.

La Guaira reúne condiciones que pocos territorios poseen al mismo tiempo: el principal puerto del país, el aeropuerto internacional más importante de Venezuela, una ubicación privilegiada frente al Caribe, un enorme potencial turístico y una población acostumbrada al esfuerzo y al emprendimiento.

Por eso propongo convertirla en el Primer Estado de Reconstrucción Productiva de América Latina.

No se trata simplemente de recuperar los empleos perdidos. Se trata de construir una economía más moderna, resiliente y competitiva, capaz de generar entre 80.000 y 100.000 nuevos empleos formales durante los próximos cinco años.

Para lograrlo sugiero una estrategia en tres etapas.

La primera consiste en devolver ingresos a las familias mediante un gran programa de empleo de emergencia, Reconstruir Trabajando, que incorpore mano de obra local en la remoción de escombros, recuperación de viviendas, rehabilitación de escuelas, hospitales e infraestructura pública. Al mismo tiempo, un Fondo de Reactivación de la Microempresa y el programa Volver a Abrir permitirán que miles de pequeños comercios, restaurantes, talleres y emprendimientos vuelvan a levantar sus santamarías y recuperar su capacidad de generar empleo.

La segunda etapa debe concentrarse en reactivar los motores tradicionales de la economía guaireña. Modernizar el puerto y el aeropuerto, consolidar a La Guaira como un gran centro logístico del Caribe, fortalecer el turismo durante todo el año y apoyar el emprendimiento serán las bases para recuperar la actividad económica y atraer nuevas inversiones.

Por último, la tercera etapa debe mirar mucho más lejos que la reconstrucción. Debemos impulsar un Distrito Logístico Nacional, un Distrito de Innovación Costera, el desarrollo de la Economía Azul, un clúster de Construcción Sostenible y una Universidad para la Reconstrucción, dedicada a formar el talento humano que demandará esta nueva economía.

No debemos aspirar únicamente a reconstruir edificios.

Debemos construir oportunidades.

Naturalmente, una transformación de esta magnitud requiere importantes recursos financieros. Pero la discusión no puede limitarse a cuánto cuesta reconstruir La Guaira. La verdadera pregunta es cuánto le costaría a Venezuela no hacerlo.

La respuesta pasa por una combinación inteligente de recursos nacionales, financiamiento de organismos multilaterales, cooperación internacional, inversión privada, asociaciones público-privadas y mecanismos transparentes que permitan incorporar el aporte voluntario de la diáspora venezolana.

Los primeros recursos deberán atender la emergencia. Los siguientes impulsarán la recuperación económica. Los últimos consolidarán la transformación productiva del estado.

La reconstrucción debe dejar de verse como un gasto extraordinario y comenzar a entenderse como la mayor inversión económica y social que Venezuela puede realizar en su propio futuro.

Cuando dentro de algunos años evaluemos este proceso, no deberíamos preguntar únicamente cuántas viviendas fueron entregadas o cuántos puentes volvieron a funcionar.

La pregunta verdaderamente importante será otra:

¿Cuántas familias recuperaron la posibilidad de vivir del fruto de su trabajo?

Ese será el indicador que realmente definirá el éxito de esta tarea.

Porque una vivienda protege del clima.

Pero un empleo protege el futuro.

La reconstrucción comienza con el concreto, pero solo termina cuando cada familia vuelve a vivir del fruto de su trabajo.

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